La mayoría de nosotros nos encontramos con algunas dificultades durante la aventura de vivir. Estas pueden ser muy diversas, y pueden consistir en problemas de gestión de nuestras emociones, obstáculos que se interponen en nuestras relaciones, así como la aparición de síntomas físicos diversos, entre otras adversidades, que dificultan la posibilidad de sentirnos bien.

Estas dificultades suelen tener sus raíces en nuestro pasado, como, por ejemplo, en la manera en que nuestras madres, padres y/o personas cuidadoras se relacionaron con nosotros, así como en las experiencias que vivimos en las primeras etapas de nuestra vida. Estos factores y muchos más han configurado nuestras formas actuales de sentir, pensar, actuar y relacionarnos.

Desde que llegamos al mundo, aprendemos a adaptarnos a lo que se espera de nosotros para ser queridos y garantizar así que recibamos cuidado y protección tal como lo necesitamos. No recibir amor y estima compromete nuestro sentido de seguridad en la infancia, y se percibe como una amenaza para la supervivencia cuando aún no podemos ocuparnos de nosotros mismos de manera autónoma. Así mismo, por ejemplo, es posible que aprendamos a complacer a terceros con la intención de ser amados, o a no expresar lo que sentimos o necesitamos si percibimos que no será bien recibido, entre muchas otras estrategias.

También es frecuente que ciertas experiencias (muy intensas y ocurridas una sola vez, o menos intensas y vividas repetidamente) nos hayan dejado una huella inconsciente que resuena en algunas de nuestras reacciones actuales —como nervios al hablar con una figura de autoridad o dolor por la ruptura de una relación sentimental— ya que son síntomas de cómo nuestro cuerpo recuerda la situación original que causó el daño. De hecho, estos son los efectos del trauma psicológico: experiencias en las que sentimos comprometida nuestra supervivencia —no siempre conscientemente— y en las que sentimos que no hay escapatoria posible quedan grabadas en el cuerpo y se manifiestan una y otra vez si el trauma no se sana. En consecuencia, muchas de las dificultades que experimentamos en el presente están fundamentadas en nuestro pasado.

En este sentido, la psicoterapia es el proceso mediante el cual, a través de la relación con el psicoterapeuta, sanamos aquellas heridas forjadas en momentos anteriores de nuestra vida y que siguen interfiriendo en el presente, para vivir de manera más plena, libre, creativa y feliz.

Efectos de una psicoterapia

Entre los efectos de una psicoterapia se encuentra, en primer lugar, un aumento del autoconocimiento. Durante el proceso, nos vamos descubriendo y conociendo personalmente, más allá de las etiquetas que nos han colocado y de cómo nos hemos explicado hasta ese momento.

También aumenta nuestra capacidad de autorregulación, es decir, de gestión de nuestras emociones: identificamos más fácilmente los sentimientos y podemos gestionarlos mejor. De este modo, ya no necesitamos reprimir ni apartar lo que sentimos, ni tampoco desbordarnos con tanta facilidad.

Asimismo, se produce una mejora de nuestras relaciones interpersonales y de nuestra capacidad para resolver conflictos. Nos conocemos mejor, gestionamos mejor nuestras emociones y, por tanto, contamos con más recursos a la hora de comunicarnos y enfrentar las dificultades inevitables en las relaciones humanas.

Todo esto nos lleva a vivir más fielmente según quiénes somos, a tomar decisiones en todas las áreas de la vida de manera más armoniosa y a vivir de forma más despierta y consciente.

¿Qué puedes esperar de la psicoterapia?

Encontrarás un espacio diseñado desde la escucha, la aceptación y la comprensión, donde podrás compartir lo que te preocupa o te hace sufrir. Una relación en la que el acompañamiento se da a tu ritmo y donde podrás revisar todos aquellos aspectos que te inquietan o que quieras explorar, profundizando en su significado y descubriendo sus raíces para sanarlas. En una psicoterapia profunda aprenderás a conectar con tu potencial de sanación.

¿Qué se espera de ti?

Voluntad de mirar hacia adentro, de auto-observarte y de implicarte activamente en el proceso. No te aconsejaremos ni te diremos qué hacer. Te acompañaremos para que seas tú quien encuentre tus propias respuestas y active el potencial de sanación que tienes dentro.

Será muy importante el compromiso con la asistencia a las sesiones con la regularidad pactada, lo que facilitará el proceso.

¿Cuánto dura?

La duración depende de diversos factores, entre ellos: los objetivos que se quieran alcanzar; la historia de daños previos; los recursos —psicológicos, emocionales, relacionales, materiales— disponibles; así como el nivel de profundidad del proceso de transformación en el que se quiera implicar. Dicho esto, una psicoterapia profunda pretende generar cambios duraderos, y esta transformación requiere de un proceso y un tiempo que, en general, va más allá de unas pocas sesiones.

Todo el trayecto de tu vida consiste en el paso que estás dando en este momento

Eckhart Tolle

Hagamos que podamos vivir y disfrutar el presente con total libertad y plenitud, y despleguemos todo nuestro potencial.

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